Como primera consecuencia, un buen número de proyectos en marcha o incluso en ejecución en muchas entidades pueden verse paralizados o sin fondos en los próximos meses, lo que planteará el doble reto de mantener el actual nivel de servicios, pero a un coste mucho menor.
Entre los gastos “estructurales” que afrontan todas las grandes empresas, y también la banca, destaca el consumo energético de sus grandes centros de datos, una partida recurrente y sin ningún valor en sí mismo. Como indican recientes estudios, sólo en EE.UU. los equipos y sistemas informáticos consumen no menos de 250 TWh / año, o el equivalente en consumo energético de 35 millones de automóviles. Este enorme dispendio, aún mayor si se cuantificara en todo el mundo, ya ha servido para crear organismos supranacionales como el Energy-Efficient Ethernet (EEE) que impulsan nuevos desarrollos e investigaciones en el mundo de las redes de comunicación que permitan reducir esta abultada factura.
Aunque el fenómeno es bastante reciente (los sistemas y redes de comunicación del siglo XIX, como el teléfono clásico o el telégrafo, sólo consumían energía mientras se producía la transmisión), en los últimos años se han intensificado los trabajos de la industria por fabricar equipos y sistemas que reduzcan sensiblemente el consumo de energía, como la denominada tecnología Green Ethernet.
Los nuevos sistemas y equipos de red desarrollados a partir de ella son capaces de reducir en dos sentidos su consumo de energía, sin alterar en lo más mínimo su rendimiento. Por un lado, desactivan automáticamente los equipos conectados en red mientras no son utilizados y, por otro, reducen el número de ventiladores necesarios para disipar el calor que generan ya que logra rebajas drásticas de emisiones de calor.
Aunque muchos de los retos tecnológicos de las entidades financieras tienen que ver con la convergencia invisible entre infraestructuras IT y de telecomunicaciones, con la necesaria y continua mejora de las relaciones con sus clientes en un entorno multicanal, o con la seguridad y garantías que ofrecen estas nuevas formas de relación, el CIO actual no debería perder de vista enfoques que prioricen una reducción global del coste de sus infraestructuras básicas, a partir de la reducción del consumo energético.
Expertos como IDC ya adelantan en su observatorio financiero, Financial Insights, que el sector financiero mundial afronta su década más decisiva y peligrosa para su supervivencia. Y, aún más, concluye, "sólo sobrevivirán aquellos bancos que aborden su complejidad y estén preparados para adaptarse a los nuevos retos que se plantearán, entre ellos, el coste corriente de mantener la infraestructura necesaria en cada momento."
Y la partida energética será clave para lograrlo.