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Durante los años 70 se inició un cambio en el modelo de funcionamiento
de la sociedad que dura hasta nuestros días, dando lugar a
lo que hoy se conoce por "Sociedad de la Información".
En el nuevo modelo, los medios de generación de riqueza se
trasladan desde los sectores industriales a los sectores de
servicios, provocando que la mayor parte de los empleos no
estén asociados a la fabricación de productos tangibles sino
a la generación, almacenamiento y proceso de información.
En este cambio, los sectores relacionados con las tecnologías
de la información y las comunicaciones (TIC) cobran un papel
importante y se les concede el poder de convertirse en nuevos
motores de desarrollo y progreso.
Para garantizar el avance de este modelo es necesario, no
solo que todos los sectores puedan tener acceso a la información,
sino que además este acceso se realice de forma segura garantizando
también nuestra privacidad.
Entendemos la Identidad como el conjunto de rasgos
propios de un individuo que lo caracteriza frente a los demás.
La comprobación de estos rasgos es lo que nos permite
determinar que un individuo es quien dice ser, pero no todos
los rasgos son propios del individuo sino que algunos son
adquiridos con el tiempo. Se conoce como Identidad Digital
al conjunto de rasgos que caracterizan a un individuo en un
medio de transmisión digital. La Identidad Digital no existe
a priori, debemos crearla y vincularla unívocamente al individuo
en un proceso que determinará el nivel de confianza del sistema.
El proceso que verifica alguno de los rasgos que permiten
identificar un individuo se denomina Autenticación.
Por ejemplo, en el caso de una conversación telefónica, ese
proceso de reconocimiento de la voz del individuo al otro
lado de la línea, realizado inconscientemente, sería una autenticación.
Cuando la persona a quien entregamos nuestro DNI nos observa
buscando semejanzas con la fotografía que aparece, o compara
nuestra firma manuscrita en un documento con la que aparece
en nuestro identificador, está ejecutando un proceso de autenticación
visual.
Garantizar la identidad digital es un proceso complejo, especialmente
cuando el medio de comunicación digital es un medio abierto
como Internet. En los medios digitales, existen tecnologías
muy diversas que ofrecen herramientas para generar los rasgos
digitales de identidad, asociarlos a entidades y habilitar
la autenticación de dichas entidades (certificados digitales,
biometría, tarjeta inteligente, contraseñas de un solo uso…).
Muchas de estas tecnologías son complementarias entre ellas
y es importante saber cómo y cuándo es necesario combinarlas.
A menudo disponemos de varias contraseñas o claves. En nuestro
trabajo, en el teléfono móvil, en el banco, en la compañía
de seguros, en las tiendas online, etc. Con el fin de recordar
las contraseñas con mayor facilidad es frecuente utilizar
contraseñas idénticas, parecidas, sencillas o fáciles de recordar
para las distintas cuentas. Por desgracia estas contraseñas
constituyen un objetivo relativamente fácil para los atacantes.
Recientemente la ONU, a través de la Unión Internacional
de Telecomunicaciones (ITU por sus siglas en inglés) en su
informe anual sobre Internet, alerta que la tendencia de la
red hacia la personalización y seguimiento está provocando
una proliferación de las contraseñas en las web. Con tan elevado
número de sitios web con contraseña se hace inevitable que
los usuarios reutilicen sus contraseñas aumentando con ello
el riesgo de sufrir el robo de identidad. El gobierno de UK
estima en más de 1.700 millones de libras anuales las pérdidas
ocasionadas por los delitos asociados con el robo de identidades
en la red. El informe añade que la falta de coordinación
entre sistemas de autenticación favorece esta situación e
insta a las empresas y a los gobiernos a crear métodos de
control de acceso unificados que ayuden a salvaguardar la
identidad digital.
La necesidad de interactuar remotamente con personas y organizaciones
que no conocemos ni podemos ver, con la misma seguridad que
lo hacemos presencialmente obliga a las empresas y administraciones
públicas a implementar mecanismos de autenticación más fiables
y robustos.
En este sentido, nuestro país ya ha dado un paso importante
para el impulso de la Sociedad de la Información con el lanzamiento
el pasado año del DNI electrónico (DNI-e).
Con más de 500.000 unidades expedidas se ha creado un mecanismo
unificado de autenticación y firma electrónica, legalmente
reconocido y que integra una avanzada tecnología e importantes
mecanismos de seguridad para generar la confianza necesaria.
Aún así, el DNI electrónico debe superar algunas barreras,
entre las que se encuentran la resistencia al cambio y el
miedo a ver amenazada nuestra privacidad por un exceso de
control. Afortunadamente el DNI-e otorga al usuario el control
mediante el uso de su número personal (PIN) sobre que aplicaciones
o personas obtienen acceso a sus datos electrónicos contenidos
en el chip de la tarjeta.
Cada día se incrementa el número de aplicaciones a las
que se puede acceder mediante el uso del DNI-e. Probablemente,
en un futuro cercano emplearemos el DNI-e para más usos de
los que fueron concebidos por sus creadores. Para acceder
a nuestra oficina y/o fichar, para cifrar/arrancar nuestro
portátil, para acceder a nuestro ordenador y aplicaciones,
para conectarnos remotamente y un largo etcétera de nuevos
e interesantes usos.
Al mismo tiempo, en el mercado corporativo cuando se trata
de proteger el patrimonio de una empresa cada vez es más frecuente
incorporar la protección de los sistemas de información y
protección de datos. Desde hace algún tiempo estamos asistiendo
a una tendencia de convergencia de las funciones de seguridad
física (acceso físico a edificios y complejos corporativos)
y lógica (con acceso a redes. sistemas y aplicaciones). Se
crea una credencial consolidada (probablemente en muchos casos
una tarjeta con interfaces duales de contacto y sin contacto)
modificando los procesos actuales permitiendo mejorar la seguridad
y la productividad de los empleados.
Es probable que no llegaremos a disponer de una credencial
única, y al igual que debemos llevar varias tarjetas bancarias
en la cartera nos acostumbraremos a utilizar varios dispositivos
para identificarnos con diferentes propósitos y la tarjeta
cambiará de forma actual para adaptarse a los más variados
objetos como llaveros, pulseras, anillos, teléfonos móviles,
etc.
Rames Sarwat Director
General
de
Smart Access
Vocal de la Comisión de Relación con
Adminsitraciones Públicas de @asLAN
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